¿Qué dice la Biblia sobre las apuestas y los juegos al azar?

Los juegos al azar son actividades arriesgadas en las que una persona apuesta una pequeña cantidad de dinero con la posibilidad de ganar más dinero del que arriesgó. Es una forma rápida y sencilla de intentar ganar dinero. Tenga en cuenta que la palabra clave es intentar, porque el éxito es muy poco frecuente. Las apuestas y los juegos al azar requieren un esfuerzo mínimo y las posibilidades de ganar son tentadoras, pero, por desgracia, rara vez proporcionan beneficios significativos en relación con el tiempo, la energía y dinero invertidos en ellos.

Las probabilidades de ganar mucho de dinero son matemáticamente muy pequeñas. Recientemente, un profesor de matemáticas en Estados Unidos. calculó que las probabilidades de ganar la lotería Powerball o Mega Millions son de aproximadamente 1 entre 3 millones. Afirma que es mucho más probable que te caiga un rayo (“What to know about playing the lottery [from a math professor who won]”, NBC, Bay Area). En Estados Unidos, una persona tiene una probabilidad de 1 en 15.300 que le caiga un rayo una vez en su vida. Aun así, la gente sigue comprando billetes de lotería con la esperanza de tener suerte y ganar mucho dinero.

Principios bíblicos

Pero, ¿qué dice la Biblia sobre las apuestas y los juegos al azar? ¿Tiene Dios alguna opinión sobre esta práctica? ¿Nos da la Biblia algunos principios sobre cómo usar nuestro dinero de manera eficaz?

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De hecho, la Biblia incluye muchos versículos que tratan sobre el dinero y las finanzas. De ellos, podemos extraer fácilmente cinco principios bíblicos sobre cómo debemos ganar y gastar nuestro dinero.

1. Todas las cosas pertenecen a Dios, incluido nuestro dinero

A menudo pensamos en el dinero que ganamos como si fuera totalmente nuestro. Pero, en realidad, es todo lo contrario. Dios nos creó y nos da la vida. Por lo tanto, todo lo que somos y todo lo que creemos poseer pertenece realmente al Dios que nos creó. “¡Del Señor son la tierra y su plenitud! ¡Del Señor es el mundo y sus habitantes!” (Salmo 24:1, RVC). Incluso nuestro dinero pertenece a Dios. “'Mía es la plata, y mío es el oro', dice Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:8, RVR1960).

Este principio debería hacernos reflexionar sobre cómo gastamos nuestro dinero o incluso cómo lo ganamos. Si nuestro dinero pertenece a Dios, entonces la forma en que lo ganamos y lo gastamos debería glorificar al buen Dios que nos lo da.

2. El amor al dinero puede ser peligroso

Observe que el título no dice que el dinero es peligroso, sino que el amor al dinero puede ser peligroso. Cuando los seres humanos anteponen su deseo de obtener riquezas a otras cosas de la vida, por encima de su amor a Dios, el peligro es inevitable. Algunas personas están dispuestas a mentir, robar, o incluso matar para obtener más dinero. El amor al dinero crea celos y competencia entre personas, incluso entre amigos, ya que cada uno intenta ganar más dinero que el otro. Pablo, en su carta al joven Timoteo advierte, “Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10, RVC).

Pasar tiempo jugando en casinos, usando máquinas tragamonedas, apostando en carreras o deportes, jugando a juegos de cartas por efectivo, o participando en juegos en línea por dinero puede malgastar los fondos que Dios nos da. Incluso comprando solo un billete de lotería al día durante un año podría costarte hasta $800 dólares EE. UU. al año. Y la mayoría de los participantes en la lotería compran mucho más de un billete a la vez, por lo que sin darse cuenta ¡están desperdiciando hasta miles de dólares cada año!

Las apuestas y los juegos al azar también tienden a crear adicciones que llevan a descuidar las responsabilidades de la vida e incluso el cuidado de la familia. Ganar dinero puede llegar a ser tan importante para un adicto al juego que todas las demás relaciones humanas pasan a un segundo plano. Sin embargo, ganar no es algo seguro ni probable. La mayoría de las apuestas terminan en desastre, ya que la persona pierde aún más dinero del que invirtió inicialmente.

Aun así, las pequeñas ganancias pueden animar al jugador a seguir adelante, a seguir apostando, ¡porque seguro que el gran premio está a la vuelta de la equina! Sin embargo, las pérdidas, mucho más probables, pueden conducir a un aumento de la deuda, a la pérdida de propiedades y del hogar, y a menudo provocan desconfianza y disfunción familiar. Muchos ludópatas (personas adictas al juego) también tienden a endeudase y tienen que evitar constantemente a los acreedores que les persiguen sin descanso, exigiéndoles el pago por sus deudas morosas.

Pero, lo más importante, el deseo de tener cada vez más dinero puede atenuar el deseo de una persona de conocer y amar a su Creador, lo que puede tener consecuencias eternas. Marcos escribe, “Porque ¿de qué le sirve a uno ganarse todo el mundo, si pierde su alma?” (Marcos 8:36, RVC).

3. El trabajo es una bendición

En realidad, Dios dio el trabajo a la humanidad como una bendición. A Adán y Eva se les encomendó la tarea de cuidar su hogar, el hermoso jardín del Edén. A pesar de vivir en la perfección, Dios reconoció que los seres humanos perfectos aún necesitaban un empleo. Tener un trabajo les daba un propósito, ejercicio y felicidad, y a la vez los mantendría alejados de la tentación.

Russel Honoré, general de 3 estrellas del ejército de los Estados Unidos, habló de cómo su padre siempre le recordaba que el trabajo era una bendición. Dice que nunca se dio cuenta de la veracidad de esas palabras hasta que, durante su carrera, vio de primera mano lo que el desempleo podía significar para las personas. Sin trabajo, vió cómo las personas eran despojadas de su dignidad, su propósito en la vida, y su libertad para mantener a sus familias y ser miembros activos de la sociedad. Fue entonces cuando se dio cuenta de que el trabajo traía libertad, libertad para hacer y ser todas las cosas que se negaban a los desempleados. El trabajo era, sin duda, una bendición.

Algunas personas pueden argumentar que el juego es un tipo de trabajo. Es cierto que los jugadores profesionales requieren cierta habilidad y técnica. Y, sin embargo, incluso la mayoría de los jugadores profesionales pierden dinero de forma constante y frecuente. Jim Makos, un exjugador profesional de juegos en línea, afirma que el 90% de los jugadores fracasan. Solo entre el 1% y el 5% son ganadores. Los casinos y los operadores de juego de azar se llevan el 5% restante. Jim afirma que quienes realmente obtienen beneficios del juego son las grandes empresas que gestionan los casinos y empresas de juego en línea.

Jim ahora dirige un negocio de publicidad en línea que no tiene el potencial de generar tantos ingresos como su anterior profesión de jugador, pero que tampoco conlleva el riesgo de sufrir pérdidas tan importantes. Las ganancias son mucho más predecibles y constantes y, como ventaja adicional, es mucho más fácil de gestionar. Mientras con el juego dejaba de ganar dinero en cuanto cerraba su ordenador portátil, ahora se sorprende de que su negocio le genere ingresos, ¡incluso cuando duerme! (“Gambling Secrets: The Hard Truth Behind Making Money Gambling”). Jim Makos definitivamente aprendió que ¡el trabajo es una bendición!

El rey David vivió hace más de 3.000 años, pero también llegó a apreciar la verdad del trabajo como una bendición, “¡Dichoso serás, y te irá bien, cuando te alimentes del fruto de tu trabajo!” (Salmo 128:2, RVC).

4. Más dinero no trae mayor satisfacción

Muchas personas piensan que se sentirán satisfechas con solo un poco más de dinero, o tal vez con mucho más dinero. Pero ese pensamiento es engañoso. El amor al dinero es tal que nunca se satisface. El rey Solomon, posiblemente el hombre más rico de la historia del mundo, lo tenía todo y, sin embargo, no estaba satisfecho con lo que poseía. Escribió, “Quien ama el dinero, jamás tiene suficiente. Quien ama las riquezas, nunca recibe bastante. ¡Y también esto es vanidad [inútil]!” (Eclesiastés 5:10, RVC).

Nuestro Dios es un Dios bueno. Él sabe lo que nos hará felices incluso mejor que nosotros mismos. Sabe que el dinero nunca llenará el profundo anhelo que tenemos por Él y por su presencia en nuestras vidas. “Vivan sin ambicionar el dinero. Más bien, confórmense con lo que ahora tienen, porque Dios ha dicho: ‘No te desampararé, ni te abandonaré’“ (Hebreos 13:5, RVC). Dios tiene tantas cosas maravillosas planeadas para nosotros si lo ponemos a Él en primer lugar y como lo más importante en nuestras vidas. Cuando lo deseamos a Él, nuestros otros deseos cambiarán. Desearemos lo que Él desea para nosotros. Dios promete, “Disfruta de la presencia del Señor, y él te dará lo que de corazón le pidas” (Salmo 37:4).

5. El dinero no es lo más importante.

Jesús advirtió contra la idea de que el dinero y las cosas que el dinero puede comprar son lo más importante. Dijo, “Manténganse atentos y cuídense de toda avaricia, porque la vida del hombre no depende de los muchos bienes que posea” (Lucas 12:15). Hay muchas cosas más importantes que el dinero y las posesiones que el dinero puede comprar.

Jesús dice en Mateo 6:21, “Pues donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (RVC). Sabe que nuestros corazones, emociones, fuerza de voluntad y fortaleza se centrarán en lo que más nos importa. Si dedicamos nuestro corazón a ganar dinero o a jugar para ganarlo más fácilmente, empezaremos a descuidar cosas más importantes como las relaciones, la familia, nuestra salud física, nuestro equilibrio mental y emocional, y especialmente nuestra relación con Dios.

Pero si has participado en estas prácticas, estimado lector, ¡no desesperes! Dios ha prometido quitar la vergüenza y culpa de tus prácticas pasadas si acudas a Él para obtener salvación y renovación de su corazón. “Los que a él acuden irradian alegría; no tienen por qué esconder su rostro” (Salmo 35:5). Y además de eso, Dios ha prometido darte la alegría, la satisfacción y la felicidad más increíbles que puedas imaginar! “Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!” (Salmo 16:11).

Conclusión

Por lo tanto, vemos en los principios bíblicos anteriores que el juego y el amor al dinero son peligrosos tanto para nuestro futuro terrenal como celestial. Más que nada, Dios anhela que lo pongamos a Él en primer lugar en todo, incluso en nuestros hábitos financieros. Hacerlo traerá muchas bendiciones de la mano amorosa Dios. Las relaciones mejorarán; las familias serán más estables y amorosas; incluso nuestras finanzas serán más sólidas y seguras. Y aún más que esas bendiciones, Dios nos dará la bendición de la esperanza, una esperanza de algo mejor en el futuro, algo eterno, duradero y para siempre. Tiene planes maravillosos para nuestro futuro. “Sólo yo sé los planes que tengo para ustedes. Son planes para su bien, y no para su mal, para que tengan un futuro lleno de esperanza.” (Jeremías 29:11, RVC).

Y esa esperanza traerá alegría y paz a nuestras vidas para que ¡podamos tener aún más esperanza!

“¡Que el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en la fe, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo!” (Romanos 15:13, RVC).

¿Cómo te gustaría estar rebosante de esperanza para el futuro? Entrégale tu vida a Dios. Deja que Él guíe tus decisiones financieras. ¡Él te dará aún más de lo que esperabas! ¡Dios te ama muchísimo!